Relato del xc val de mor II por talkien

A Diego. En compensación por el lapsus cometido.

Capítulo I

El combate con el Dragón del Toro

La noche fue fresca y el día amaneció de igual modo, pero el tozudo sol del verano demostró su hegemonía y a mediodía surgían pequeñas gotas de sudor de las frentes de aquellos hombres. Se encontraban reunidos para un evento que había sufrido numerosos retrasos por circunstancias diversas. Esos aplazamientos habían conseguido avivar los deseos de los participantes y todos se mostraban ansiosos ante el día que se les presentaba.

En procesión como manda la tradición y acarreando cada cual con sus enseres, los grandes maestros iniciaron el ascenso hasta el sagrado lugar de la Piedra Negra. Estaban todos los magos vela, pero faltaba EXKULTOR, el viejo mago delta. Toda la ceremonia fue mucho más sencilla gracias a su ausencia. La facilidad para complicar las situaciones y el gusto por la polémica, hacían de este anciano un incordio. Pero no todo iban a ser ventajas, junto con los grandes acudieron otros muchos con menores poderes y experiencias, dispuestos a hacer notar su presencia. Entre estos se encontraban FRIKIDIS y TUENTICINCO. El primero insistió hasta tres veces y las mismas tres fracasó. Y el segundo trató de alzarse con una extraña cabriola, pero lo único que consiguió fue un sonoro revolcón con el consiguiente revuelo por parte de los allí presentes. Para hacer honor a la verdad, ninguno de los dos se mereció el puesto que obtuvieron, pero los combates son duros y no basta con una excelente preparación, también es necesario tener el poder mágico para levitar y elevarse con facilidad.

El mago DAVIDIO que fue coronado campeón en la anterior edición del torneo, no tuvo su mejor momento. Extrañamente se dedicó a recoger setas por el campo en compañía de uno de los nuevos miembros del clan, YOAKIX también conocido como el mago verde. La mejor virtud de este hombre es su exhaustivo conocimiento del terreno que pisa. Consiguió esa habilidad a base de recorrer sistemáticamente toda la zona día sí y día también. En lo más profundo de la noche y en la más tupida niebla, es capaz de identificar el lugar donde se encuentra con apenas pisar una piedra o tocar un árbol. Es cierto que su capacidad para levitar no le lleva muy lejos, pero una vez en tierra es capaz de regresar al punto de partida sin ayuda y sin perderse, cosa que no puede decir el mago PIEDRO, que por perderse, se perdió el torneo. El caso es que DAVIDIO y YOAKIX se dedicaron a recolectar setas y gracias al conocimiento del terreno del segundo, consiguieron una buena cosecha.

Mientras esto sucedía, los magos más poderosos se preparaban para el combate de verdad. Todos ansiaban alzarse con el título de campeón, pero sólo uno podía conseguirlo. Otro de los nuevos miembros del clan conocido como O´MARIO inició la liza. Era un hombre enérgico que tenía por costumbre enfrentarse a todo aquel que le dirigiera la palabra. Y así lo hizo cuando DIMATRIX, el mago del Norte, le invito a enfrentarse al dragón.

- Hazlo tú, cabrón, si te crees tan poderoso. Le contestó O´MARIO al instante.

Y DIMATRIX con la decisión y valentía que le caracteriza, se lanzó de cara a luchar contra el Dragón del Toro. Este animal es especialmente temido por su larga y dentada cola a la cual llamaban Serrota. Pero DIMATRIX traía preparado un truco tan espectacular como insólito. Se empezó a multiplicar y multiplicar hasta que tres centenas de magos en el aire taparon la luz del sol mientras acechaban al dragón desde todos los puntos de vista. El dragón atacaba a diestro y siniestro y de vez en cuando lograba derivar alguno de los DIMATRIX que le rodeaban, mientras los demás seguían su lucha desesperada. Tras muchas horas de combate sólo quedo un único DIMATRIX, pero el dragón había sucumbido y yacía inerte a sus pies. De las 300 replicas de sí mismo, sólo quedo uno: el vendedor del combate con el Dragón del Toro.

Mientras esto sucedía, los otros magos estaban estupefactos contemplado el combate. Tal era el grado de admiración sobre lo que estaban viendo sus ojos, que los poderosos MERLINIO y ALBERIO, terminaron increíblemente en el suelo. Nadie hubiese sido capaz de predecir que el gran MERLINIO iba a obtener un resultado semejante. Como sucede en estos combates, no siempre vence el más poderoso a nivel individual, sino el más apto para los enfrentamientos colectivos.

Otro de los magos que terminó en el suelo de manera prematura fue MAC-HENRY. Este hombre clasificaba a todo el mundo en dos clases. Unos eran sus amigos y luchaba con ellos y por ellos a muerte. Decía conocer al resto del mundo y cuando alguien le preguntaba por alguna persona en concreto, se quedaba pensativo y preguntaba

- ¿De verdad que no le conoces?

Tras unos breves instantes, sus interlocutores solían contestar con una negativa a la cual replicaba:

- Ese es un hijo de puta.

Y nadie osaba rebatir dicho comentario, o de lo contrario, podía pasar a formar parte del resto del mundo, o sea, de los hijos de puta. Así se las gastaba el rudo personaje que también vino del Norte.

Mientras DIMATRIX se multiplicaba y atacaba al Dragón del Toro, y los demás descendían hasta posarse suavemente en el suelo, una figura siguió suspendida en el aire y se mezcló entre las 300 réplicas de DIMATRIX. Por un momento, la cola del Dragón estuvo a punto de golpearle mortalmente, pero con habilidad, reflejos y destreza pudo ponerse a salvo y siguió en el aire alejándose hasta perderse en el horizonte. Aprovechó en su favor la oportunidad que le brindó el gran mago DIMATRIX y fue finalmente proclamado Campeón del II Torneo del XC VAL DE MOR. No pudo ser otro que el valeroso ROBERIO. Él había convivido durante largo tiempo con DIMATRIX y conocía sus habilidades. Cuando este se multiplicó, quedó impresionado como los demás, pero su sorpresa apenas duró un instante e inmediatamente siguió en la liza para terminar proclamándose el vencedor.

Todo había terminado felizmente y el campo de batalla estaba ya tranquilo. De pronto, la silueta de un hombre se situó en el lugar adecuado. Iba acompañado por una mujer menuda y dos niños de corta edad. De manera lenta y pausada se preparó y al cabo de unos instantes alzó el vuelo. Quizás no fue un gran vuelo, pero lo ejecutó con calma y destreza. Y terminó en el mismo sitio al que habían llegado antes los grandes magos. Nadie podría poner en duda su habilidad. Mientras recogía sus utensilios llegó la mujer y los niños. Él recogió a uno de ellos en brazos y la mujer al otro. El largo día les había agotado y quedaron dormidos al instante en brazos de sus padres. Se fueron igual que llegaron, con un silencio apenas roto por un amable saludo. ¿Quién era ese personaje y la familia que le acompañaba? ¿De dónde venían? Pero esas y otras preguntas quedaron sin respuesta en las mentes de los magos.

 

ATENCIÓN!!!: El contenido del CAPÍTULO II puede herir la sensibilidad de algunos... NO APTO PARA MENORES!!!

A Culebrín. El coche está frío desde que tú no viajas en él.

Capítulo II

La Diosa Meteor

A muchos kilómetros de distancia, está un hombre tumbado en la arena. La brisa trae a sus oídos el suave susurro de las olas. A lo lejos como un espejismo surge una figura dorada con un vestido blanco. Según se acerca, la borrosa imagen se transforma en un mujer alta de pelo moreno y piel del color de la canela. La tela del vestido se ciñe a su figura insinuando sus pechos y marcando sus caderas. Cuando llega a la altura del hombre, le pregunta:

- ¿Sabes quién soy?

- La hija del dragón, la Diosa Meteor – responde el hombre.

Dicho esto, se incorpora y la abraza por la cintura con suavidad. Le acerca los labios y la besa. La boca de la mujer está caliente como un volcán y el hombre hunde su lengua dentro. Ella se entrega y pasea los dedos por las orejas de él. Su vestido es suave como el satén y tan ceñido como una segunda piel. Las manos del hombre lo recorren lentamente, disfrutando cada curva, cada recta, cada pliegue.

Tras un buen rato, la mujer se gira sobre sí misma, se pone de puntillas y arquea su espalda mientras frota lentamente su trasero con la entrepierna del hombre. Primero a un lado, luego a otro y otra vez. El hombre se encuentra excitado y el roce de aquellas curvas lo recibe su miembro. La mujer lo coloca entre sus nalgas y se empieza a mover arriba y abajo con la misma suavidad que antes lo hacía hacia los lados. El hombre acaricia el largo pelo de la mujer hasta que su excitación le hace agarrarlo como las crines de una yegua. Ella arquea aún más su espalda y aumenta la presión de su culo sobre la entrepierna del hombre. Él la mantiene dominada por el pelo con una mano, mientras la otra pasea por sus pechos. Los pezones están duros y se marcan descaradamente bajo el vestido. Juega con ellos, los pellizca con cariño y se entretiene con las curvas del pecho.

Tras un buen rato, la mujer se gira lentamente y mira fijamente a los ojos de hombre. Sus labios están húmedos y entreabiertos. Sus ojos son grandes y afilados.

- Mi Diosa. – dice él.

Ella empieza a mover la cabeza de un lado a otro dejando que su melena morena caiga sobre su cara y se mueva de un lado a otro. Al cabo de un rato sus hombros acompañan el rítmico movimiento de su cabeza. Tras el pelo, sus ojos miran fijamente al hombre. Poco a poco ese sensual baile va bajando por su cuerpo alcanzando su cintura y posteriormente sus caderas. Sus manos bajan igualmente siguiendo el contorno de su silueta y se coge el vestido a la altura de sus muslos levantándolo. El hombre contemplas sus piernas que brillan a la luz del cálido sol. Uno de los tirantes del vestido resbala por su hombro y el otro le acompaña cuando el siguiente golpe de cabeza que se propaga a lo largo del cuerpo de aquella mujer como un delicado latigazo. Y después con cada movimiento, el ligero vestido va cayendo lentamente por su cuerpo.

Ella hábilmente liberó al hombre de la poca ropa que llevaba y de un salto le abrazó dejando sus pechos a la altura de su cara, mientras sus piernas se ceñían a las caderas. Él agarró su culo con fuerza y situó su polla justo en el sitio que quería. Ella gimió primero y después conforme iba recibiéndole empezó a gritar con más fuerza hasta que lo tuvo todo dentro. El hombre inició un lento baile de caderas mientras su lengua disfrutaba del sabor de los pezones. Sin prisas disfrutó de la mujer que sostenía. Estaba húmeda, pero su sexo se ceñía a él con fuerza. A veces, sentía como se contraía de placer y su polla apenas podía moverse por la presión.

Las piernas del hombre empezaron a flaquear y se tumbó en la arena. Ella se sentó encima dándole la espalda. Él podía contemplar el redondo trasero chocar y rebotar en sus caderas, mientras su polla entraba y salía. Ella acompañaba el rítmico movimiento con jadeos y leves murmullos de placer. Poco a poco fue acelerando la cadencia de sus movimientos y su cabeza se arqueó hacia atrás dejando que la melena cayese sobre él. Conforme aumentaba el ritmo, más arqueaba su cuerpo. Él empezó acariciando sus caderas y su espalda, pero conforme se curvaba pudo acceder a su vientre y después a sus pechos. De repente, el sexo de la mujer se cerró con fuerza sobre la polla e inició un frenético movimiento. El hombre se encontraba ya al borde del éxtasis y no tardó mucho en explotar. La mujer siguió unos segundos más hasta que también estalló de placer y de su boca surgió una llamarada de fuego que alcanzó las veinte varas de altura. Tras eso, siguió moviéndose despacio, contoneando sus caderas y disfrutando del calor que inundaba su cuerpo.

Cuando la respiración de los dos recobró el ritmo normal, ella se tumbó encima de él y le miró fijamente.

- Adiós, COLIBRO. No olvides que soy tu Diosa. La próxima vez que me quieras tomar, tendrás que ganártelo.

Y se despidió de él con un largo beso, mientras su mano acariciaba con suavidad la polla del hombre.

 

Talkien

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