Relato de una historia ancestral IV

 

Adiós a los caídos
y a los nuevos,
sed bienvenidos.

 

Pequeñas gotas de sudor caían por las frentes de aquellos dos hombres. El pulso de sus corazones retornaba al ritmo habitual y sus respiraciones volvían a ser poco a poco más pausadas, pero aún se podía ver en sus caras los efectos del ascenso a aquella montaña. Sentados en lo alto de la cima, contemplaban el paisaje que les rodeaba. A uno y otro lado se situaban dos preciosos valles, uno estrecho, el otro amplio. Por delante, la montaña caía bruscamente para luego recuperarse poco a poco pero sin llegar a la altura a la cual se encontraban. Lo contrario sucedía por detrás, la cresta subía y bajaba, subiendo mucho y bajando poco en cada ciclo. Resultaba imposible saber dónde terminaba y qué altura alcanzaba.

  • Dime qué escuchas, Frikidis. – preguntó el bardo al hombre que le acompañaba.

Frikidis era un joven mago que había demostrado recientemente sus habilidades. Hombre tranquilo y pausado que en numerosas ocasiones se mostraba ausente ensimismado en sus pensamientos.
Un profundo silencio les rodeaba. Frikidis barría con su mirada la basta extensión de tierra situada ante ellos, como si con los ojos pudiese escuchar.

  • Te dije que no podrías escucharle. Pero, ¿eres capaz de verlo? – comentó el bardo.

Frikidis seguía ausente y toda su atención estaba puesta en el paisaje que tenía ante si. Tras unos minutos de silencio, contesto:

  • Lo siento, pero no veo dónde puede estar escondida la bestia. Y tampoco la escucho.
  • Porque ves y escuchas como un hombre. – replicó el bardo. - La bestia, como tú dices, está hecha de otra esencia que los seres humanos difícilmente podemos percibir.
  • Frikidis, - continuó el bardo- ¿sabes cómo se llama el pueblo situado aquí debajo?
  • Cabezabellosa – afirmó el joven mago.
  • En tiempos antiguos se llamó “Cabeza que ve”. Y ¿cómo se llama el pueblo situado en el otro valle más o menos a la misma altura?
  • El Torno.
  • Antiguamente era “El ojo entornado”.

Frikidis permaneció pensativo durante unos instantes, hasta que sus ojos se abrieron asombrados. No podía comprender algo así. Al instante, el bardo supo que el joven mago se había dado cuenta de dónde se encontraba.

  • Efectivamente, mi joven amigo. Estás sentado en la cabeza del dragón y esos dos pueblos son sus ojos.
  • Pero entonces, este monstruo mide más de diez leguas.
  • Sí – afirmó el bardo. - ¿Conoces La Covatilla? Antes era “La Cola de Astilla”. Allí se esconde su arma más temible y afilada. Con ella es capaz de alcanzar a cualquiera que perturbe su existencia. Y el lugar conocido como El Puerto no es otra cosa que la puerta de entrada al dragón. O sea, su boca.
  • Pero eso es imposible. ¿Cómo puede existir un animal tan grande? Además siempre he conocido la comarca tal cual la vemos. ¿Ha estado aquí inmóvil durante todo este tiempo? Lo siento pero me parece increíble.
  • Te repito que miras con ojos de hombre. Lo que pisamos es la piel de un dragón que nació en los albores del tiempo. Su mundo, su tiempo y su existencia no tiene nada que ver con nosotros. Piensa en una estrella fugaz. Tu vida para él es igual de breve. Apenas un suspiro de dragón.
  • ¿Ha intentando alguien acabar con él? – preguntó Frikidis.
  • Acaso un mortal puede acabar con la muerte – replico el bardo.

En el ánimo del bardo se palpaba el pesar por las recientes pérdidas. Dos de sus amigos habían perecido en presencia del dragón y otro hombre había resultado herido, pero no sentía que aquel monstruo oculto fuese realmente el culpable del vacío que sentía en su espíritu.

  • El mago Merlinio dice que el dragón está molesto por el desgobierno de la comarca. – dijo Frikidis.
  • Es posible. El mago Davidio obtuvo el Anillo de Poder en el último torneo de magos celebrado en la Piedra Negra, pero lo usó para encandilar a un hada en vez usarlo para dominar al dragón. Ahora está lejos de la comarca y nadie le ha sustituido.
  • ¿Es por eso que el mago Alberio quiere convocar otro torneo? – preguntó Frikidis.
  • Esa es su idea y creo que el resto de miembros está de acuerdo en celebrarlo durante el primer ciclo lunar del estío.
  • De celebrarse, me gustaría participar, aunque no sé si estaré a la altura de las circunstancias.
  • Podrás participar si así lo deseas, querido Frikidis. Y espero estar presente para narrar tus hazañas.

Había ciertas cuestiones que Frikidis no se había parado a pensar debido a su juventud e inexperiencia, pero el bardo sabía que el II XC VAL DE MOR iba a deparar un sinfín de problemas. En el pasado, Colibro había ejercido como maestro de ceremonias, pero ahora estaba desprovisto del aura necesaria para ese cargo. ¿Quién sería el juez de liza? En ausencia de líder, siempre se había nombrado al decano de los magos presentes. Si Exkultor acudía a la cita, sería él el elegido, sino el cargo recaería en Merlinio. Exkultor, el mago Delta conflictivo y cascarrabias, siempre había traído de cabeza al resto de sus compañeros, pero ¿podría olvidar por unos días sus hábitos y actuar con la sabiduría propia de un anciano? Y, si Exkultor no pudiese asistir, ¿sería el poderoso y sabio Merlinio capaz de obrar con justicia y equidad siendo juez y parte del combate?
La paz de la comarca dependía de ese torneo. Sólo con un gran líder que porte con orgullo el símbolo de su dominio, el dragón reposaría de nuevo en el sitio del que nunca tendría que haber salido.

¿Quién acudirá al II XC VAL DE MOR? ¿Qué deparará el combate a aquellos que participen en él?

Lo sabremos en el próximo relato.

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