gol por alberto


¡¡¡¡¡¡¡¡GOOOOOOOOL!!!!!!!!!!

Pitolero-Segura de Toro-Pitolero-Virgen del Puerto. Camping de Malpartida de Plasencia (42,5 km)

… Cuidado, Salinas, que viene el Tiburón! La baja al pasto, dribla al defensa, y ante la salida del portero, dispara y...

Espera, espera, que me parece que nos estamos equivocando de deporte, que, a pesar del mundial, no todo es futbol. Bueno, a lo nuestro.

Manga de la Liga extremeña en el Pitolero. El sábado 15 las condiciones no fueron buenas, y el único que pudo llegar a hacer la mitad de la prueba fue Driu. Para el Domingo 16 las previsiones eran sensiblemente mejores, así que decidimos quedar a las 11.00 en el Bar de Antonio, en Cabezabellosa, y el comité de pilotos (básicamente David, Ramón y Driu, deciden la manga).

Así que, nada, cogemos el vehículo del amor, y todos para arriba, a encontrarnos con los chicos del Club Extremadura, que se han animado a venir.

Llegamos al despegue de Romanejos y allí empiezan las dudas… qué si todavía no está, qué si está un poco cruzado, qué si hay que esperar a que se monte. Bueno, en realidad lo de las dudas fue para el común de los mortales, porque David y Driu ya han sacado las velas y están listos para volar mientras los demás estamos discutiendo.

Sale David y se hunde estrepitosamente. “Huy, huy, huy, que mal rollo. Una pena, con lo que le gusta volar a este chaval y se está yendo al suelo.” Sale Driu y empieza a pegarse a la ladera como si quisiera enraizar en ella (y yo creo que estuvo a punto de conseguirlo). “… pero en el cursillo nos dijeron que eso era peligroso…” coño, y lo sigue siendo, pero Driu, al menos, parece que sabe lo que se hace. Los pilotos siguen saliendo y David, por fin, ya cerca del pantano, consigue centrar una buena que le permite engancharse a la ladera y subir bastante, con Ramón y Driu, que ya están en casa de Dios. Sin embargo, y a pesar de que las condiciones son bastante buenas, un pequeño grupo de pilotos, entre los cuales, como siempre, nos encontramos las trillizas de oro (Cata, Cizalla y Sota, atentos a nosotros en los despegues. Prometemos espectáculo), decidimos que “aquello está un poco cruzado y que nos vamos al pitolero, que, además, está más arriba.”

Otra vez al vehículo del amor, y cuando llegamos arriba vemos a Isidro, que ha salido de Romanejos, que está cruzando la cuerda por el lado sur prácticamente andando, girando a diez metros del suelo. En el despegue ya vemos a Ramón, Driu, David y Termi que van camino de Segura de Toro con una altura considerable. Despego detrás de José y los dos empezamos a buscar por la ladera, y conseguimos subir hasta los 2000, en un ambiente un tanto deportivo para mi gusto. Enfilo hacia Segura de Toro, donde las nubes ya empiezan a tener un desarrollo tipo pilsen (como la espuma de la cerveza, vamos). Más o menos en la Bruitrera engancho un pepino de +6 que me sube hasta los tres mil. Encima de mí veo a Julio que ya esta volviendo de Segura y le oigo decir por la radio “Estoy a tres mil y pico y me está chupando a +7 con mucha mala hostia”.

“¿Qué es eso de mala Hostia, Julio? No me asustes hombre, que sabes que no soy Indiana Jones”. Intento decírselo por la radio, pero me quedo con el PTT en la mano, y como no está el día para andar soltando los mandos, me quedo todo el vuelo sin radio.

Llegó a Segura de Toro con y la calle de nubes ya no es una calle, es una autovía con doce carriles y varias ramificaciones, así que decido volver por el valle por si hay que aterrizar ipso facto, o sea, cagando leches. Pero allí la cosa sigue deportiva, y estoy subiendo a +3 en medio de un claro. En ese momento me entra la angustia existencial y veo nubes por todas partes, y no teniendo ganas de subir al cielo en cuerpo y alma, como la de “cien años de soledad”, empiezo a girar una descendencia, que dé con mis huesos en el suelo, suavemente, si es posible.

Pero cuando estoy a unos 400 metros del suelo, la voz de Emilio empieza a sonar en mi cabeza “No tengas miedo, pequeño saltamontes, que la turbulencia sólo está en tu interior” Y que lo digas, que ya empiezo a tener el estómago en la boca. Pero, bueno, mi amigo siempre suele dar buenos consejos, así que decido respirar hondo, serenarme y mirar nuevamente las condiciones.

Y, efectivamente, tampoco estaban tan duras, es más, todo lo contrario. La calle de nubes se ha ido estirando y ya llega casi hasta Plasencia, así que decido seguir volando, pero claro, a 400 metros subir es un poco más complicado. Por fin encuentro una térmica que me lleva hasta el Pitolero, segunda baliza, donde llego con la misma altura del despeque, unos 1300 metros. Me apoyo un poco en la ladera y consigo hacer la baliza con 1600, y no sólo eso, sino que cuando miro hacia la Virgen del Puerto veo una bruma que me indica que se está montando una buena entre nuestro despegue y el morro que queda al suroeste, justo en el camino que tengo que seguir. Así que, más bajo que la moral de la Sección Española de futbol, pongo rumbo a la tercera baliza.

Salgo de la ladera con 1600 metros y llego a la baliza, a 10 km, con 2600, ¡Y sin haber dado un giro! Creo que a eso lo llaman “vuelo de delfín” (Vale, de orca, que ya sé que he cogido unos kilitos). A pesar de que estoy recibiendo más que una estera, empiezo a vislumbrar la posibilidad de llegar a gol (más que nada porque ya lo estoy viendo, a unos 13 k), y todavía tengo altura, así que a cruzar Plasencia en dirección sur-suroeste, que nos están esperando. Intento cruzar Plasencia y me meto en un -4 continuado. Cuidado que es estrecha esta ciudad, pero que ancha se me está haciendo (y esto no tiene nada que ver con el sexo), así que decido pisar esa barrita que tengo colgando de la silla (acelerador, creo que se llama), que me ha dicho Emilio que te hace salir más rápido de las descendencias. Pero nada, cuando consigo cruzar ya estoy por debajo del puerto, y no hay manera de salir de ahí.

A todo esto ya llevo casi dos horas de vuelo, y me duele todo el cuerpo (prometo que un día de estos voy a intentar regular bien la silla de una vez), pero no nos vamos a quedar aquí. Me encuentro como el niño del chiste: buscando un caballo, pero con un cajón de mierda, porque no se mueve una paja. Así que, cuando ya estoy a esa altura en la que se ven las matrículas de los coches (bueno, todo el mundo sabe que soy un poquito exagerado), busco un buen prado para aterrizar, acordándome de todo lo divino y lo humano y de lo injusta que es la vida, y lo encuentro al lado del cruce de la carretera de Trujillo.

Y como siempre, cuando uno busca un prado grande, soleado, recién segado y con una casita en el medio, ¿qué ocurre? Que a 100 metros del suelo se suelta un cerito que poco a poco se va convirtiendo en un +5 más sucio que la peli esa de “Colegialas Perversas”. Rita (mi vela, una Sport 2 roja preciosa), empieza a ponerse nerviosa, y aquello se mueve más que la lista de fichajes del Real Madrid, pero ya que estamos aquí, tendremos que aguantarlo. Girando, vuelvo a ver mi pueblo (Malpartida). El vario empieza a decirme que es posible que llegue a gol, pero como tan pronto me dice que me sobran 500 metros como que me faltan 400 decido no hacerle caso y subir hasta los 2000, donde engancho otra nube en formación que me lleva a gol con un alturón considerable.

Cuando ya estoy en el último planeo, por fin puedo soltar el PTT, sacar la radio del bolsillo de la silla y engancharla, e intento comunicar con el resto de los pilotos. Por suerte, aún están en gol, a pesar de que Marcos (Termikina), el penúltimo en llegar, ha aterrizado casi una hora antes que yo. Molido y hecho polvo, pero con una sonrisa de oreja a oreja, aterrizo enfrente del camping después de dos horas y media de vuelo, donde David (bendito sea) me espera con una cerveza helada para celebrarlo. Luego, ya sabéis, el buen rollo de la gente del vuelo, felicitaciones, abrazos y fotos, y vuelta a Cabezabellosa a descargar el track y a coger los coches.

Ya sé que todos los fines de semana del verano en cualquier parte del mundo se hacen vuelos más largos y difíciles que éste. Pero todos los que volamos también sabemos que cada vuelo es único y, para mí, éste será inolvidable, por eso he decidido contarlo. Bueno, por eso y porque hace más de dos años que no colgamos nada nuevo en la página del club.

Por último, quiero testimoniar mi consideración más distinguida para todas las personas que han hecho este vuelo posible: A Andrés, por su recogida. A Ramón, Driu, David, Julio y Marcos, por la alegría con la que me recibieron en el gol. A los que estuvieron desde el principio: Jesús, Edu (Os sigo echando de menos en los despegues) y Richard (Menos samba y más volais). A los chicos de Cáceres, en especial a Javi (ya te contaré algún chiste bueno) y a Bob (esas resacas juntos…). A mis queridos amigos con los que he compartido tantas y tantas cagadas, Javi y José Ignacio (Espero que este sea el principio del fin de la mala racha. Los 100 nos están esperando). A Ramón y a David nuevamente. Al primero por sus buenos consejos, y al segundo por los malos. Y, finalmente, a Emilio, porque a pesar de que he intentado hacer siempre lo contrario de lo que él me ha dicho, casi todo lo que he aprendido de esto de volar se lo debo a él (Estoy esperando que me pongas alguna pega al relato y al vuelo, amigo).

Buenos vuelos.

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