|
Aquel sábado, 17 de julio de 2004, la previsión de
viento del Sur nos llevó a José Ignacio
y a mí al Pitolero. Esperamos a los compañeros
en la entrada del camino de subida a los
despegues. Primero llegó Richard con el
Patrol del club y pasadas las tres de la
tarde aparecieron los demás. En el camino
hicimos una breve parada para ver como estaba
el despegue de Sur que mira hacia el valle
del Jerte. Los que bajaron del coche para
comprobarlo, apenas pusieron un pie en el
despegue aseguraron que estaba cruzado.
Era lógico teniendo en cuenta la hora. Seguimos
subiendo hasta la cima del Pitolero y después
nos dirigimos hacia el despegue de Oeste.
Caminaba con Emilio (auténtico Mesías del
club) cuando vi la manga totalmente cruzada
y le comenté que esa situación no iba a
gustar mucho a las alas: Antonio “Pájaro
Loco” (Presi del club) y David de Tornavacas
que por segunda vez nos visitaba.
Ya sé lo que estáis pensando:
“!!!! Un club de vuelo libre donde todos
volamos en parapente excepto el presidente
que vuela en ala ¡¡¡¡.” Aquí somos así,
pero sigamos con el relato del día.
En realidad estaba tan cruzado
que era imposible plantearse el despegue
desde allí. Mientras las alas inician su
proceso de montaje, los parapentes empiezan
a dudar entre quedarse y esperar, o volver
a bajar al despegue Sur. Llevo volando unos
cuantos años y en muchas ocasiones me he
cambiado de despegue, y casi siempre, el
cambio no sirvió para nada. Además la lógica
me decía que el sol terminaría calentando
la cara Oeste del Pitolero y se podría despegar
desde allí. Aún así Emilio decide probar
suerte bajando al despegue Sur y los demás
parapentes le siguen, empezando por David,
fiel escudero de Emilio. Noelia, infatigable
conductora, les acompaña por si tiene que
volver con el coche a recogernos. En contacto
por radio voy informándoles de que hay alguna
racha que enfrenta la manga durante un periodo
de tiempo suficiente como para despegar
sin problemas. Cuando esta situación se
repitió por tercera vez, decidí que era
el momento de despegar. Me preparé y cuando
levantaba la vela pude ver a mis compañeros
bajando de nuevo al despegue. Evidentemente
el despegue Sur estaba “también” cruzado.
Ya en el aire me dirigí rápidamente
hacia el valle de Ambroz. Un cielo con nubes
de evolución me hacía pensar en térmicas
potentes y bien definidas. Eran las 16:45
y las condiciones debían de estar establecidas.
No encontraba nada incluso debajo de las
nubes y al barlovento de estas. Cuando tuve
un +1 m/s lo giré en espera de que se animase,
pero no fue así. Con algo más de altura,
me fui en busca de mejores condiciones,
dejándome derivar por el viento méteo de
Sur. Volví a encontrar otra térmica suave
pero amplia y me armé de paciencia. Estuve
girando casi veinte minutos y pasé desde
los 1.200 m. hasta los 2.700 m. El vario
pitaba con desidia sin llegar a +1 m/s y
sólo cuando llegué a los 2.400 m. aquello
empezó a animarse gracias posiblemente a
la aspiración de la nube.

Me encontraba a la altura
de Abadía y el cielo me marcaba dos posibles
pasos: uno estaba enfrente de mi al Este
de Abadía. El otro, situado al Este de Baños
de Montemayor, se dirigía directamente hacia
la zona de Bejar. En ambos casos las nubes
se situaban encima de dos brazos de tierra
que desde el Norte se adentran en el valle
de Ambroz. Antes de cambiar de meseta, región
y provincia, volví a girar para recuperar
los apenas 300 metros que había perdido
en el planeo anterior. Después de pasar
la cuerda de la sierra que va de Lagunilla
a Peñacaballera, todo fue descendencia.
Avanzaba a más de 60 km/h pero también caía
rápido. Superé el valle entre Peñacaballera
y Montemayor del Río, que es digno de ver
incluso desde el suelo. Iba buscando el
mejor sitio para recuperar la altura perdida
pero no tenía éxito en mi empeño. Tan solo
quedaba aterrizar y tenía un pueblo a mis
pies, Aldeacipreste.
Lo rodeé e inicié la aproximación
cuando un ascenso leve pero homogéneo apenas
a 50 metros del suelo, me invitó a girarlo.
El primer giro me hizo subir lo suficiente
como para pensar en seguir girando. Así
lo hice y fui subiendo y derivando hasta
que se agotó la ascendencia. Delante de
mí y viento en cola tenía un llano totalmente
despejado de obstáculos que me ofreció un
planeo tranquilo y relajado. Terminé aterrizando
cerca de la carretera que va de Bejar a
Sotoserrano y Las Hurdes. La última térmica
me permitió prolongar el vuelo 8 km. más
y batir mi record, situándolo en los 35
km.
Durante todo el vuelo las
condiciones fueron flojas pero también cómodas,
casi tanto como una termoladera laminar
de una tarde de verano. Sin embargo, mis
compañeros no tuvieron la misma suerte:
Emilio tuvo un nudo en los frenos que le
impidió volar tranquilo y los demás sufrieron
incómodos meneos especialmente al aterrizar.
Estaba claro que aquel día “Me tocaba a
mi”, pero espero que pronto nos toque a
todos juntos.
Las cifras del vuelo fueron las siguientes:
Fecha: Sábado, 17 de julio de 2004.
Despegue: Pitolero Oeste (Cabezabellosa).
Altura del despegue: 1.300 metros.
Hora del despegue: 16:44 (Horario de verano) 14:44
UTC.
Hora de aterrizaje: 18:03 (Horario de verano) 16:03
UTC.
Duración: 1 hora y 19 minutos.
Distancia despegue-aterrizaje: 35,870 kilómetros.
Velocidad máxima: 68 km/h.
Velocidad media: 36 km/h.
Máximo vario: 4,9 m/s.
Mínimo vario: –5,6 m/s.
|